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El salón es una de las habitaciones con más peso de la casa: en ella nos relajamos, recibimos a nuestros invitados, hablamos, olvidamos el estrés diario,... Por ello debemos ser capaces de darle al salón “calor”, haciendo que sea una estancia acogedora a la par que agradable, para que todo el mundo se sienta bien en él.
El salón suele ser la pieza más grande de la casa. Para darnos cuenta del tamaño y de las dimensiones del salón, es aconsejable realizar una foto del mismo. En la foto veremos más claramente el estilo y el equilibrio de la pieza. Teniendo esto más claro, podremos modificar la distribución de los muebles, elegir la pintura, pensar en accesorios decorativos,…
Los muebles del salón deben ser decorativos y funcionales a la vez. Es decir, los muebles deben ayudar con la decoración de la estancia pero también deben ser muebles que garanticen la comodidad de toda la familia. Piensa en plantas y en ramos de flores cortadas. Estos elementos aportarán un toque de frescura a la pieza. Bellas cortinas ayudan también a proporcionar ese calor que buscamos en la estancia.
Cuando pensamos en decoración de interiores en ocasiones nos olvidamos de la iluminación de las estancias, pero ésta es una parte vital. Por ello, ten muy presente la luz para alcanzar el ambiente deseado en el salón. Combina las iluminaciones y multiplica las fuentes de luz. Un único (aunque potente) punto de iluminación es demasiado agresivo y no ayuda a crear una sensación de calidez y relax. Mejor reparte esos puntos de luz: velas, pequeñas lámparas, etc. Dependiendo de la cantidad de luz que queramos en cada momento, encenderemos más o menos puntos de iluminación.
La sensación de calidez que buscamos la alcanzaremos también gracias a la pintura. Evita pues colores tristes o demasiado sombríos, ya que cada color tiene un impacto sobre las sensaciones. |